En el segundo nivel del sello maldito, Jirobo alcanzaba el pico de su crueldad y arrogancia. Continuaba burlándose de Choji, llamándolo gordo, el eslabón más débil del equipo y mofándose de que sus amigos lo habían abandonado. Su maldad se volvió más bestial, y su voz, más grave y amenazante, sin embargo, conservaba por completo la cordura y la capacidad de hablar. El sentimiento de superioridad lo embargaba, y no dudaba de su victoria, incluso cuando el oponente comenzó a oponer resistencia.