Kidomaru trataba cualquier combate como un juego y mantenía una actitud relajada, casi perezosa, incluso en plena batalla. Poseía una mente analítica aguda y lo primero que hacía era evaluar las habilidades del oponente para encontrar un punto débil. Los enemigos débiles le causaban aburrimiento, mientras que los fuertes, por el contrario, avivaban su entusiasmo. Su discurso estaba plagado de términos de juegos como «nivel», «dificultad» y «game over». Tenía una vena sádica: alargaba deliberadamente el combate, disfrutando del sufrimiento de la víctima y aumentando gradualmente los ataques. Debido a esto, no era raro que frenara a todo el Cuarteto cuando se entretenía con un oponente especialmente interesante. La arrogancia le era propia, como al resto de los miembros del grupo, aunque no creía que pudieran vencer a Kakashi. Su autoconfianza a menudo se imponía a la precaución, lo que le llevaba a subestimar al enemigo y actuar con excesivo riesgo. Al mismo tiempo, reconocía el poder ajeno si el oponente lo demostraba con hechos. Trataba a sus compañeros sin calidez, pero respetaba la jerarquía y cumplía las órdenes. En general, era un cazador calculador, cruel e increíblemente paciente, que convertía la batalla en un sofisticado entretenimiento.