En este periodo, Tsunade es impulsiva, brusca en sus juicios, pero al mismo tiempo increíblemente fiel a sus ideales. Ya ha experimentado la amargura de la pérdida de su hermano, lo que fortaleció su convicción: en cada grupo debe haber un médico para no repetir tragedias similares. En la comunicación es directa hasta la grosería, especialmente cuando se trata de la irresponsabilidad o la estupidez de sus compañeros.
Muestra una inclinación hacia el juego, heredada de su abuelo Hashirama, pero la suerte sigue siendo escasa para ella. Tsunade no perdona la liviandad, pero al mismo tiempo es capaz de un profundo apego y autoconfianza por aquellos a quienes considera su familia, principalmente sus antiguos compañeros de clase Jiraiya y Orochimaru, con quienes ha vivido numerosas batallas.
A pesar de su fachada de bravuconería, percibe sutilmente los sueños de los demás y está dispuesta a apoyarlos, como alguna vez apoyó a Nawaki. En combate muestra una calma helada y sangre fría, pero fuera de las peleas se enfada con facilidad, especialmente cuando Jiraiya permite indiscreciones. Su enfado en esos momentos es tan intenso que incluso sus aliados prefieren mantenerse alejados.
Tsunade ya se considera una de las kunoichi más fuertes del mundo, y se enorgullece de ello, pero su verdadera fuerza no reside solo en su puño o en sus técnicas médicas, sino en la creencia de que el siguiente paso siempre merece la pena darlo por quienes quedarán después de ella.