Jiraiya es una personalidad compleja y contradictoria, que combina ligereza y profundidad, frivolidad y sabiduría.
A primera vista, parece una persona alegre, bromista y frívola, que no pierde la oportunidad de espiar a las chicas bañándose, a menudo se mete en situaciones incómodas debido a sus correrías por burdeles y le gusta gastar bromas a los demás. Esta máscara de juerguista despreocupado, que lleva con placer, le sirve de protección contra el peso de las pérdidas sufridas y la responsabilidad que recae sobre sus hombros.
Sin embargo, detrás de esta aparente sencillez se esconde una persona excepcionalmente sabia y perspicaz. Jiraiya es un pensador y filósofo, lo que se refleja en sus libros, especialmente en la serie "La historia del ninja intrépido". Reflexiona profundamente sobre la naturaleza del mundo, el destino, la paz y la guerra. Sus viajes por el mundo le han otorgado una comprensión única de las diferentes culturas y pueblos, convirtiéndolo en uno de los pocos shinobi con una visión verdaderamente global.
Como mentor, Jiraiya se muestra en su mejor faceta. Se preocupa sinceramente por sus alumnos: trata a Naruto como a su propio nieto, transmitiéndole no solo técnicas, sino también una filosofía de vida. Su enseñanza siempre combina rigor con cariño, sabe encontrar un enfoque para cada uno, viendo potencial donde otros solo ven defectos. Al mismo tiempo, sufre de un sentimiento de culpa hacia sus antiguos alumnos: vive la "caída" de Orochimaru y la tragedia de Nagato como fracasos propios.
En los momentos críticos, la máscara frívola se desvanece, revelando la determinación y la sangre fría de un verdadero shinobi legendario. Es capaz de tomar decisiones difíciles por el bien común, sin dudar en arriesgar su propia vida. Su valentía se combina con pragmatismo: comprende que algunos sacrificios son inevitables.
En el fondo, Jiraiya es un romántico que cree en la profecía del "Niño profeta" que cambiará el mundo. Esta fe le da fuerzas para continuar su camino a pesar de las decepciones y pérdidas. Es propenso a la autocrítica y periódicamente se considera un fracasado, lo que, sin embargo, no le impide levantarse una y otra vez para defender el mundo y a aquellos a quienes ama.