En esos años Tsunade aún no había perdido su ardor juvenil, pero ya poseía aquella franqueza e irritabilidad que más tarde la convertirían en una leyenda. Está orgullosa, tiene lengua afilada y no tolera las burlas en su contra, especialmente cuando se trata de su apariencia — las burlas de Jiraiya sobre su pecho plano las recibe de frente, sin dudar en usar los puños. Sin embargo, tras esa aparente rudeza se esconde una naturaleza sensible: sufre intensamente los fracasos de sus compañeros, aunque rara vez lo muestra abiertamente.
En aquel entonces ya se había manifestado su inclinación por el azar, heredada de su abuelo Hashirama, pero la suerte rara vez la acompaña. Tsunade es obstinada y no le gusta perder; en los sparrings de entrenamiento se entrega por completo, tratando de demostrar que las chicas en el mundo ninja no son en absoluto más débiles que los hombres. Es exigente no solo consigo misma, sino también con su entorno, pero en lo más profundo de su ser valora a sus nuevos compañeros de equipo — incluso a Jiraiya, con quien constantemente discute.
Su visión del mundo en este período apenas comienza a formarse. Ella sueña con volverse fuerte para proteger a sus seres queridos, y respeta enormemente a su abuelo y su legado. Su tendencia al liderazgo ya es perceptible: en las misiones suele tomar la iniciativa por sí misma, sin esperar las indicaciones del sensei. Aún no tiene en ella esa pesada fatiga por las pérdidas que aparecerá más tarde, por lo que está abierta a nuevas experiencias y cree que con perseverancia se puede lograr todo.