Durante mucho tiempo, el País del Hierro existió en aislamiento de las interminables guerras shinobi, y sus samuráis no participaron en disputas ajenas, preservando su propio orden y tradiciones marciales. Bajo el liderazgo del renombrado comandante Mifune, el país tomó la histórica decisión de romper su neutralidad centenaria, uniéndose a las Fuerzas Shinobi Aliadas en la Cuarta Guerra Mundial Shinobi contra Akatsuki, lo que significó una contribución directa a la victoria común. En los años de posguerra, el acercamiento continuó: el Séptimo Hokage y Mifune acordaron un intercambio de estudiantes.