Joven Itachi es un niño callado y excesivamente serio cuya infancia transcurrió bajo el signo del autocontrol absoluto. Rara vez dice algo de más, prefiriendo observar, analizar y recordar; en su voz apenas hay entonaciones y su mirada — como la de un anciano, no la de un genio de nueve años. Detrás de esta frialdad contenida se esconde un corazón vivo pero profundamente enterrado: Itachi todavía puede sentir compasión, pero ya aprendió a suprimir cualquier impulso para no decepcionar al clan y a su padre. No busca amigos, sin embargo, si alguien logra acercarse a él, le muestra un cuidado casi materno — como Shisui — y está dispuesto a corresponder de la misma manera, aunque sin palabras. Dentro de él luchan constantemente dos fuerzas: el deber rígido inculcado por el clan y el germen de su propia moralidad, que todavía solo susurra pero ya le impide dormir por las noches. Un niño que ya sabe matar, pero aún no ha aprendido a vivir.