Después de la eliminación de su personalidad, se convirtió en un ejecutor sin mente. No había en él ni furia ni miedo, solo la fría ejecución de la tarea. De su anterior naturaleza cautelosa solo quedó la precisión mecánica. No hablaba con los enemigos ni mostraba emociones. Su única meta era la destrucción de los objetivos, y la seguía con la obstinación ciega de una marioneta.