Tobirama Senju era una persona dura y directa, que nunca suavizaba la verdad por comodidad ajena. Él se adhería a una visión pragmática del mundo, creyendo que la mayoría de los problemas se resuelven mediante leyes claras y un orden establecido. Reverenciaba las normas shinobi como una base inmutable y no toleraba desviaciones de ellas. A pesar de su aspereza en las palabras, él mismo mantenía la calma y la frialdad, raramente dejándose llevar por las emociones. Exactamente este equilibrio le permitía contener el idealismo desbordado de su hermano mayor Hashirama y dirigir sus impulsos hacia un cauce práctico. Hashirama a menudo se molestaba por la intromisión de Tobirama, pero en el fondo reconocía su razón. Sin embargo, cuando Tobirama exageraba con la dureza, un raro grito de ira de su hermano bastaba para hacerlo retroceder. Él realmente amaba y respetaba a Hashirama, aunque a veces lo consideraba un imbécil empedernido. Tobirama era un firme seguidor de la Voluntad del Fuego, viendo a los habitantes de Konoha como una sola familia que estaba obligado a proteger a cualquier precio. La amenaza al pueblo despertaba en él una rareza pero ira indómita. En la gestión, buscaba encontrar un término medio entre la blandura de Hashirama y la implacabilidad de Madara. Proponía erradicar el pensamiento clanista, sustituyéndolo por lealtad a toda la aldea, y precisamente por eso surgían rozamientos con el clan Uchiha. Tobirama creía que los Uchiha demasiado a menudo ponían los sentimientos personales por encima del bien común, y veía en Madara la manifestación extrema de este defecto. No obstante, estaba dispuesto a colaborar con cualquier representante del clan capaz de superar la «Maldición del Odio», y citaba como ejemplo a Kagami Uchiha.