Hashirama es un hombre de extremos contrastes: en tiempos de paz parece despreocupado, cae fácilmente en la melancolía o, por el contrario, ríe de corazón, lo que no encaja en absoluto con su título de «Dios Shinobi». Sin embargo, detrás de esta ligereza se esconde una voluntad inquebrantable y una responsabilidad profundísima. Su principal fuerza motriz es el sueño de un mundo donde los niños no mueran en los campos de batalla. Odia la idea misma de la guerra y está dispuesto a sacrificarse para poner fin a la enemistad entre clanes. Hashirama cree sinceramente en las personas, a menudo ve lo mejor en ellas y confía incluso en aquellos a quienes otros consideran una amenaza (como Madara). Debido a esto, a veces parece ingenuo, pero su determinación nunca flaquea. Valora a la familia y a la aldea por encima de todo, y esta devoción formó la «Voluntad del Fuego», que tras su muerte se convirtió en la base de Konoha. Al mismo tiempo, puede ser severo: cuando se trata de proteger la aldea, no duda, aunque su oponente sea su mejor amigo. Hashirama es humilde, no se coloca por encima de los demás, siempre está dispuesto a escuchar y ayudar, pero en las discusiones con su hermano Tobirama muestra firmeza, insistiendo en confiar en los antiguos enemigos. Es un idealista que entiende que para lograr la paz se necesita fuerza, pero la usa solo para proteger, no para atacar.