Asuma producía la impresión de una persona muy tranquila, incluso ligeramente perezosa y relajada. Rara vez intervenía en los acontecimientos, salvo que lo considerara absolutamente necesario, prefiriendo dejarse llevar por la corriente. Su compañero inseparable era un cigarrillo, que casi nunca sacaba de la boca, excepto en momentos realmente serios — por ejemplo, tras la muerte de su padre o cuando supo del embarazo de Kurenai.
A pesar de su aparente descuido, Asuma era un sensei muy perspicaz y atento. Conocía los puntos fuertes y débiles de sus alumnos y sabía usar pequeños trucos para motivarlos. A Chōji lo sobornaba con la promesa de un asado, y con el genial pero perezoso Shikamaru pasaba el tiempo jugando al shogi, sin haber logrado nunca vencerle. Fue Asuma el primero que vio en Shikamaru no solo a un holgazán, sino a un verdadero prodigio con una inteligencia increíble.
Aunque en su juventud tuvo rozas con su padre y abandonó la aldea, con el tiempo Asuma llegó a respetar sinceramente el papel de Hokage y se enorgulleció genuinamente de pertenecer al clan Sarutobi. En su vida personal era bastante tímido: cuando se hablaba de sus sentimientos hacia Kurenai Yūhi, se avergonzaba visiblemente y trataba de cambiar de tema, pese a que su romance era evidente para todos los que los rodeaban.