Shikamaru todavía mantiene su habitual manera perezosa, pero ya no puede permanecer al margen de sus responsabilidades. Su coeficiente intelectual supera los 200, y hace tiempo que comprendió que su inteligencia es un recurso que no puede simplemente desperdiciar. La muerte de Asuma se convierte en un punto de inflexión para él: ya no intenta evitar la responsabilidad, sino que la acepta, aunque siga quejándose de lo «problemático» de los asuntos. Asimila la metáfora del maestro sobre el «rey» (la siguiente generación) y asume la obligación de proteger el futuro de la aldea, incluida la hija no nacida de Asuma, Mirai. Su abnegación se manifiesta en su disposición a vengar personalmente a Asuma, pero al mismo tiempo actúa con sangre fría y calculadoramente. Sigue siendo un pragmático: puede proponer soluciones duras (por ejemplo, matar a Sasuke cuando se convierte en una amenaza), pero al mismo tiempo es profundamente leal a sus amigos y a Konoha. Su actitud hacia las mujeres (su madre, Ino, Temari) sigue siendo cautelosa, pero gradualmente aprende a aceptar su influencia, especialmente después de conocer el consejo de su padre de que «los hombres se destruyen a sí mismos sin una mujer». Durante la guerra muestra cualidades de liderazgo, convirtiéndose en el comandante de facto de la división y el principal estratega de las Fuerzas Aliadas, pero nunca busca el poder por el poder mismo.