Al ser invocada por el Mundo Impío, Pakura inicialmente mantuvo sus principios morales y sintió reticencia a luchar contra aquellos que parecían niños. Su conciencia se debatía entre el control impuesto y su propia voluntad, llena de amargura y resentimiento por la traición. Después de que Kabuto suprimió completamente su personalidad, se convertía en un arma sin mente, actuando mecánicamente y sin dudar. Sin embargo, en raros momentos sus verdaderos sentimientos se abrían paso, y entonces expresaba abiertamente su odio hacia Suna y Kiri. Al ver a su aprendiz Maki, quiso descargar su frustración sobre aquellos que la engañaron. Al mismo tiempo, seguía siendo lo suficientemente receptiva como para apreciar el crecimiento de Maki y la determinación de sus compañeros. Este espectáculo provocó que Pakura por un breve momento superara el control y ayudara conscientemente a los estudiantes a escapar. No sentía miedo ante el descanso final, sino más bien alivio.