Hamura creía en la paz y la libertad, y por ello estaba dispuesto a enfrentarse a su propia madre. Poseía un fuerte sentido del deber y, tras la victoria, permaneció voluntariamente en la Luna para custodiar eternamente el cuerpo sellado de Kaguya. A pesar de la rebelión, seguía amando a su madre, comprendiendo que su crueldad estaba dictada por el deseo de proteger a sus seres queridos. Hacia su hermano Hagoromo sentía una profunda devoción y quería proteger el mundo que él había creado incluso mil años después de su muerte. En su juventud era mucho más impaciente e imprudente, a menudo actuaba de manera directa y usaba en su discurso el arrogante «ore». Sin embargo, nunca eludía la responsabilidad y usaba su autoridad para mantener el orden. Su espíritu de lucha se combinaba con una sincera preocupación por la justicia. No dudaba, incluso cuando por un tiempo quedó sometido a la voluntad de su madre y se vio obligado a luchar contra Hagoromo, hasta que su hermano lo liberó. Hamura no buscaba la gloria, prefiriendo permanecer en la sombra de su gran gemelo. Era directo y no toleraba la falsedad. Sus acciones siempre estaban determinadas por una clara comprensión de su deber hacia su familia y el mundo. Con el tiempo, se convirtió en un símbolo de voluntad inquebrantable y autosacrificio. Su fuerza interior le permitió seguir siendo un guardián incluso después de la muerte, velando por el orden en la Luna. Fue quien prefirió la soledad eterna por la tranquilidad de toda la humanidad.