En público, Mizuki usaba la máscara de un mentor benevolente y amable, que supuestamente siempre estaba dispuesto a ayudar. En realidad, era una persona hipócrita, envidiosa y profundamente egoísta. Los éxitos ajenos, especialmente los de Iruka, le provocaban una ardiente envidia. Odiaba que lo miraran con desprecio, pero él mismo disfrutaba de la oportunidad de humillar a los más débiles. Hacia Naruto sentía una repulsión especial, considerándolo no como un ser humano, sino simplemente como el Zorro de Nueve Colas. Por beneficio personal, mentía, manipulaba y tendía trampas a los inocentes sin dudarlo. Incluso la amistad infantil con Iruka resultó ser una completa farsa, necesaria solo para sentirse superior. Despreciaba los principios morales y el espíritu de equipo, considerándolos una carga innecesaria. Sus ambiciones llegaban tan lejos que decidió traicionar su propia aldea y convertirse en seguidor de Orochimaru. No era un cobarde, pero su valentía surgía de la desesperación y la maldad. Al revelar su verdadera naturaleza, ya no ocultó sus tendencias sádicas, anticipando con placer la muerte agonizante de sus enemigos. El destino le asestó un golpe devastador cuando precisamente aquel a quien consideraba un «desecho» lo redujo a polvo.