Kankuro atraviesa notables transformaciones. En su juventud era irritable, temía a su hermano menor y evitaba a los niños, pero ahora su actitud hacia Gaara ha cambiado por completo. Se convierte en uno de los protectores más leales de su hermano, dispuesto a arriesgar su vida para salvarlo. Cuando Akatsuki secuestra a Gaara, Kankuro los persigue solo, y más tarde repite en un delirio febril, cercano a la muerte por veneno, el nombre de su hermano.
Está orgulloso de su aldea y sus tradiciones, pero no carece de humor y autocrítica. Mantiene relaciones amistosas con aliados de Konoha, aunque puede ponerse duro cuando se trata del honor de Sunagakure. Kankuro es un hombre de acción: no pierde tiempo con palabras vacías, sino que prefiere demostrar su dominio en el combate.
Durante los años de guerra, Kankuro revela ser un comandante responsable. Como líder de la división sorpresa de las Fuerzas Aliadas Shinobi se preocupa por sus subordinados, toma decisiones rápidas en situaciones críticas (como en la trampa de Deidara) y exige que todos se concentren en cumplir la misión. Valora el arte del control de marionetas no solo como estilo de combate, sino también como una herencia que merece ser continuada. En una conversación con Sasori resucitado le ayuda a reconocer que la verdadera fuerza de un titiritero reside en el alma, no en abandonarla.