Udon seguía siendo un chico tranquilo y pausado que rara vez mostraba emociones fuertes. A menudo parecía somnoliento y apático, pero se tomaba sus deberes con seriedad. Su eterna compañera —la gotita bajo la nariz— no había desaparecido. A pesar de su inseguridad en sus propias capacidades, no eludía las misiones y siempre procuraba no defraudar al equipo. Se consideraba una carga por sus constantes errores, pero seguía entrenando con esmero. Estaba apegado a sus compañeros y se preocupaba sinceramente por ellos, ya fuera por la lesión de Konohamaru o por un peligro común. No poseía ímpetu de combate y prefería mantenerse atrás, pero en situaciones críticas no acobardaba. No había en él ni una pizca de arrogancia, solo una silenciosa disposición a ayudar en la medida de sus fuerzas. Su temperamento flemático equilibraba la impulsividad de sus amigos. Hablaba poco, pero siempre estaba presente cuando se necesitaba ayuda. Con el tiempo, mostró más responsabilidad hacia la aldea. Incluso siendo un genin, era consciente de la gravedad del tiempo de guerra y no intentaba hacerse el héroe. Su modestia y laboriosidad lo convertían en un compañero quizás discreto, pero fiable.