En la primera infancia, Indra era un niño despreocupado y cariñoso que jugaba con alegría con su hermano menor Ashura y cuidaba de él. Crecía muy maduro para su edad, comprendía el valor de la paciencia y siempre lo pensaba todo detenidamente antes de actuar. Estaba muy apegado a su padre y admiraba sus enseñanzas. A pesar de su genialidad innata, seguía siendo sorprendentemente humilde y aceptaba los elogios sin orgullo. Su principal deseo era ayudar a los demás, no elevarse por encima de ellos. Se preocupaba sinceramente por el futuro de Ninshu. Indra era muy aplicado y diligente, leía constantemente los libros y diarios de su padre, esforzándose por comprender toda la sabiduría del mundo. Con todo, no era un ratón de biblioteca huraño, sino que se relacionaba con facilidad con la gente. No tenía ni una pizca de arrogancia, solo una alegría infantil. Protegía con cariño a Ashura y se sentía responsable por su hermano menor. Incluso al mostrar su talento, no buscaba destacar, sino que simplemente hacía lo que consideraba correcto. Todavía no conocía las dudas ni las angustias internas, su corazón estaba abierto al amor y la bondad. Toda su vida en este período estaba impregnada de armonía con sus seres queridos y un profundo respeto por el camino de su padre.