Asura desde niño era un niño despreocupado, cariñoso y muy apegado, que admiraba sinceramente a su hermano mayor Indra y soñaba con ser tan genial como él. Sin embargo, él mismo nació sin talentos especiales y sufría profundamente por su propia impotencia, envidiando el don de Indra. Al darse cuenta de que no podía tener éxito por sí solo, aprendió a valorar la ayuda de amigos y aliados por encima de todo. Con el tiempo, llegó a creer que el amor y la cooperación entre las personas son la clave para la paz, y no la fuerza bruta y la sumisión. Su perseverancia rayaba en la terquedad: una vez que se fijaba un objetivo, no se detenía hasta lograrlo. Era profundamente leal a su padre y a su enseñanza del Ninshū. A pesar de que Indra fue el primero en alejarse de él, Asura intentó hasta el último momento llegar a su hermano, devolverle el antiguo afecto. Su fe en las personas era tan fuerte que se ganó el amor y el respeto de muchos seguidores. No buscaba el poder y sinceramente consideraba a Indra el mejor candidato como heredero. Incluso cuando su padre lo eligió a él como sucesor, no se enorgulleció, sino que solo lamentó la ruptura con su hermano. Su bondad se extendía incluso a sus enemigos, y nunca guardaba rencor. Al entrar en un enfrentamiento forzado con Indra, lo hizo con dolor en el corazón. Su espíritu estaba impregnado de esperanza de reconciliación. Toda su filosofía se basaba en la creencia de que juntos, las personas pueden superarlo todo.