Guren era una kunoichi fría, cruel y extremadamente segura de sí misma, que disfrutaba sinceramente de la vista de la sangre y el dolor ajeno. Durante mucho tiempo permaneció fanáticamente leal a Orochimaru y soñaba con convertirse en su próximo recipiente, y cuando esa oportunidad desapareció, cayó en un exilio voluntario. Trataba a Kabuto con abierta antipatía, considerándolo indigno de la misericordia de su señor. A pesar de su severidad exterior, era vanidosa y, al mirarse en el espejo de cristal que ella misma había creado, no perdía la oportunidad de admirarse. Al conocer a Yukimaru, al principio solo sentía irritación hacia él, pero sin darse cuenta se encariñó con el niño. Fue precisamente este vínculo lo que despertó en ella sentimientos de culpa y arrepentimiento largamente olvidados. Se dio cuenta con horror de que una vez había matado a la madre de él, y desde entonces se dedicó a proteger al niño. Su orgullo no le permitía aceptar ayuda, y se avergonzaba sinceramente cuando Naruto se ofreció a cargarla sobre sus hombros. Sin embargo, con el tiempo cambió por completo, decidida a redimir su culpa a cualquier precio. Dejó de ver en Orochimaru el sentido de su vida y encontró un nuevo propósito: convertirse en el escudo de Yukimaru. Su carácter pasó de la arrogancia sádica al verdadero sacrificio personal. En el momento decisivo, habría dado su vida sin dudarlo por Naruto, con tal de que él cuidara del niño. Este cambio interno la convirtió en una de las kunoichi más complejas y ambiguas.