Antes de que los dos ninjas más fuertes se encontraran aquí, este lugar era solo uno de muchos rincones forestales del País del Fuego, sin un nombre especial. Un río amplio y tranquilo llevaba sus aguas pausadamente por una llanura suave, rodeando las orillas rocosas cubiertas de bosque denso. Los árboles centenarios formaban una pared densa alrededor del cauce, y el aire estaba lleno solo del canto de los pájaros y el susurro de las hojas. Nada en este paisaje idílico preveía que, en pocas horas, el curso del río sería cambiado para siempre, y en el lugar del bosque se formaría una profunda depresión, partida por el poder de dos dioses.