
En tiempos antiguos, cuando el pueblo sólo estaba ganando fuerza, uno de sus mejores guerreros, Kakuzu, recibió la orden de destruir al señor de la Hoja — Hashirama Senju. La misión fracasó estrepitosamente: el poder legendario del Primer Hokage resultó inquebrantable, y el shinobi volvió sin nada. En vez de apreciar el hecho de haber sobrevivido a tal combate, sus conciudadanos lo marcaron como paria y lo arrojaron a las cadenas. Tal negra ingratitud colmó el vaso de la paciencia de Kakuzu. Rompió los grilletes, mató a los ancianos del pueblo y arrancó de sus pechos los corazones que aún latían, llevándose también, como despedida, los pergaminos más secretos con artes prohibidas. Tras muchos años, Takigakure realizó lo impensable para un pequeño asentamiento: se apoderó del Jinchūriki de Cola Chōmei. La bestia fue encerrada en el cuerpo de una chica llamada Fū, pero sus compatriotas la odiaron con un odio feroz. Cuando unos forasteros se llevaron al jinchūriki y le quitaron la vida, se dice que en las casas de Takigakure suspiraron de alivio. Sin embargo, apretujada entre cuatro poderosos vecinos, el pueblo permanece indomable — ningún ejército enemigo ha logrado atravesar su velo de agua.




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