La Aldea del Agua Oculta se esconde en el corazón de tierras sin nombre, y para llegar a ella solo se puede zambullirse en el abismo bajo el torrente rugiente. Los túneles oscuros, lavados en la roca, llevan al valiente directamente a un amplio lago, sobre el cual se alza la copa de un árbol colosal. Alrededor de este gigante viviente se aferran las viviendas, formando un todo con el paisaje húmedo. Algo profundo en el rizoma, en una construcción diminuta sin adornos innecesarios, las generaciones custodian el Agua de los Héroes. Una vez cada cien años, la fuente otorga un sorbo de fuerza que decuplica el reserva de chakra, pero el precio de tal poder casi siempre es la muerte. Aquí manda un hombre llamado Shibuki, cuya casa no se distingue de una choza de campesino: dentro solo hay paredes desnudas y una elevada plataforma que reemplaza al trono. La arquitectura de las construcciones locales es ajena a la rigidez de las grandes naciones: en ella se filtra el húmedo aliento de un lejano sur, mezcla de follaje y polvo de agua. El principal guardián de la aldea es el mismo agua caída, cuyo estruendo incessante sirve como protección y advertencia para los visitantes no deseados.