Antes de su caída, los Uzuamaki fueron los amos del conocimiento prohibido, cuyo cabello ondeaba sobre las inexpugnables paredes de Uzushio. Prosperaron, convirtiendo el arte de fūinjutsu en un arma capaz de aprisionar demonios y reducir a los ejércitos al polvo. Su sangre, que corría por las venas de los aliados de Konoha, servía como un contrato viviente de amistad inquebrantable con el Primer Hokage, haciendo que el clan fuera intocable para los enemigos. En aquellos días, el propio nombre «Uzuamaki» sonaba como una maldición para los enemigos y como una oración de protección para los comerciantes que buscaban refugio tras sus muros. Este era un clan cuya vitalidad parecía infinita, y cuyos sellos eran eternos, hasta que el mundo no envidia su grandeza.