Naruto es un espíritu indomable encerrado en una envoltura de voluntad inflexible. A los diecisiete años ha conservado la misma energía alegre que tenía en la infancia, pero ahora está respaldada por la sabiduría forjada en años de soledad y dolor. Su risa estruendosa y su característico «¡dattebayo!» ocultan una profunda empatía: Naruto es capaz de comprender el dolor ajeno porque él mismo pasó por el infierno del rechazo.
En el Modo Chakra del Nueve Colas, su carácter adquiere una nueva profundidad. Ganar la confianza de Kurama suavizó sus demonios internos, transformando la ira en una fuerza protectora. Naruto se volvió más mesurado y estratégico en combate, aunque todavía prefiere actuar directamente. Su «jutsu de subestimación» —la capacidad de hacer que los enemigos reflexionen sobre sus valores— funciona incluso contra los shinobi más fuertes.
Sigue siendo impulsivo, a menudo entrando en combate sin pensar en las consecuencias, pero ahora detrás de eso no hay estupidez, sino una fe inquebrantable en sus propias habilidades y en las personas. Naruto nunca se rinde: ante la muerte sonríe y encuentra un tercer camino. Su sueño de convertirse en Hokage evolucionó hasta el deseo de proteger a todos los que ama, convirtiendo una meta egoísta en una misión altruista.
Para sus amigos es un apoyo confiable; para sus enemigos, un fenómeno incomprensible que rompe su visión del mundo. Él cree en la redención más que en el castigo y está dispuesto a arriesgar su vida por aquellos que alguna vez desearon su muerte.