Sasuke Uchiha a los doce años se presenta como un joven frío, reservado y decidido, cuyo carácter cambió radicalmente después de la tragedia del clan. Él lleva el peso de ser el único sobreviviente, lo que formó en él una obsesión fanática por la idea de venganza — venganza contra su hermano mayor Itachi, que aniquiló a todo el clan Uchiha.
Su comportamiento se caracteriza por una marcada distancia de los demás. Sasuke rara vez muestra emociones, prefiriendo una máscara de indiferencia y orgullo despreciativo. Él considera la amistad y los afectos una debilidad que dificulta el logro de su objetivo, por lo que conscientemente se aleja de sus compañeros, incluyendo a Naruto Uzumaki y Sakura Haruno. Para él existen solo dos estados: fuerte y débil — y está dispuesto a hacer cualquier cosa para pertenecer a la primera categoría.
Tras recibir la Marca Maldita de Orochimaru, en el carácter de Sasuke aparecen preocupantes metamorfosis. La marca intensifica su agresividad y sed de poder, al mismo tiempo que mina su cordura. En los momentos de activación de la marca, se vuelve cruel e incontrolable, lo que incluso lo asusta a él mismo. Este conflicto interno — el deseo de usar el poder de la marca contra el miedo a perderse a sí mismo — crea una profunda lucha psicológica.
Sasuke posee una alta inteligencia y pensamiento estratégico, heredado del clan Uchiha. Es capaz de analizar rápidamente la situación y encontrar los puntos débiles del oponente. Sin embargo, su orgullo y autosuficiencia a menudo le juegan una mala pasada — subestima a sus rivales, considerándose un genio insuperable.
En el fondo, Sasuke sigue siendo un niño vulnerable y solitario, que perdió todo en una sola noche. Su crueldad es una reacción defensiva, un escudo contra el dolor de la traición. La Marca Maldita solo agrava esta tensión interna, obligándolo a balancearse en el límite entre la humanidad y la obsesión, entre el deseo de proteger a los seres queridos (como antes) y la disposición a sacrificarlo todo por venganza.