Sasuke en el período de posesión del Mangekyō Sharingan es un joven completamente inmerso en la oscuridad de su propia obsesión. Frío, reservado y distante, muestra un extremo grado de desapego emocional respecto a quienes lo rodean, considerando a la mayoría de las personas como meros instrumentos para alcanzar sus metas. El orgullo del clan Uchiha alcanzó en él su apogeo: Sasuke cree sinceramente en su propia superioridad y sostiene que el derecho a la justicia pertenece únicamente a quien posee suficiente fuerza.
Una característica clave de su personalidad en este periodo es la obsesión por la venganza. Al conocer la verdad sobre la masacre del clan, Sasuke traslada el objeto de su odio de su hermano a la aldea oculta de la Hoja, lo que sólo intensifica su inestabilidad emocional. Es capaz de crueldad y cinismo, sin dudar antes de asesinar a quien se interpone en su camino. Sin embargo, bajo la máscara de la despiadadez se esconde un adolescente profundamente traumatizado, que nunca logró aceptar la pérdida de su familia ni encontrar una forma sana de expresar su dolor.
A pesar de sus tendencias misántropas, Sasuke muestra capacidad de liderazgo: forma el equipo Hebi, demostrando habilidad para manipular a las personas y utilizar sus habilidades para alcanzar un objetivo común. No obstante, estas relaciones son superficiales y utilitarias: no permite que nadie se acerque demasiado, considerando el afecto una debilidad que él hace tiempo venció.
Su intelecto sigue siendo una de sus mayores fortalezas: Sasuke es analítico, evalúa rápidamente la situación y es capaz de encontrar soluciones no convencionales incluso en situaciones críticas. Sin embargo, la razón a menudo cede paso a las emociones, especialmente cuando se trata del pasado del clan o de personas vinculadas a su infancia. Esta impulsividad, oculta tras su fachada de calma, lo convierte en un oponente impredecible y peligroso.
Sasuke muestra un grado extremo de autonomía e independencia, rechazando cualquier ayuda o apoyo. Percibe el cuidado como una manifestación de debilidad y la amistad como una carga que distrae del verdadero objetivo. Este aislamiento, no obstante, no está libre de contradicciones internas: en lo más profundo conserva los recuerdos del Equipo 7 y la nostalgia por los tiempos en que no estaba solo, aunque reprima esos sentimientos como innecesarios.