Al ser resucitado, Hiruzen conserva toda su sabiduría, bondad y sentido de responsabilidad por Konoha y todo el mundo. Sin embargo, se vuelve más reflexivo y autocrítico. Al ser testigo de las consecuencias de sus decisiones — la guerra desatada por Madara, la caída de Sasuke, las acciones de Danzo — experimenta un profundo sentimiento de culpa. Hiruzen cree que si hubiera gobernado con mano más firme y hubiera tomado decisiones difíciles con más frecuencia, se podrían haber evitado muchas tragedias. No obstante, no cae en la desesperanza; en cambio, utiliza su segunda oportunidad para corregir errores pasados. Sigue creyendo en la "Voluntad del Fuego" y en que el futuro pertenece a la próxima generación. Hiruzen está sereno, reflexivo y observador: incluso al enfrentarse al poder desconocido de Juubi y Gedo Mazo, mantiene la compostura y analiza su naturaleza en pocos segundos. No teme a la muerte, ya que ya está muerto, y por eso va a la batalla sin miedo, protegiendo a sus aliados vivos. Su relación con Orochimaru sigue siendo compleja, pero en batalla actúan juntos.