En la infancia, Ashura era un niño despreocupado y muy cariñoso, que adoraba a su hermano mayor Indra y se esforzaba por ser como él en todo. Creció a la sombra de su genial hermano y sufría profundamente por su propia impotencia. Al no tener talentos innatos, a menudo mostraba impaciencia y dudaba mucho de sí mismo. A pesar de ello, Ashura nunca se rendía y persistía en intentar dominar aquello que Indra captaba al instante. Poco a poco comenzó a comprender que no podía arreglárselas solo y empezó a valorar la ayuda de los demás. Creía sinceramente que la amistad y el apoyo podían llenar cualquier vacío. Hacia su padre y su enseñanza del Ninshu, sentía un profundo respeto. Ashura adoraba jugar con los niños del pueblo y siempre estaba abierto a nuevas amistades. No envidiaba a su hermano con envidia negra, sino que más bien se entristecía por no poder ser igual de talentoso. En su carácter no había ni una gota de arrogancia o maldad. Prefería las alegrías tranquilas y no aspiraba al poder. Incluso a tan temprana edad, se vislumbraba en él la futura bondad y fe en las personas.