En estado de transformación completa, Yugito conserva su naturaleza orgullosa, decidida y estratégica, pero se le añade una gracia bestial y una crueldad sin piedad. Actúa con frialdad y determinación, como un depredador que ha acorralado a su presa. Su confianza en sí misma, forjada por años de odiosos entrenamientos, ahora se manifiesta en cada movimiento de su enorme cuerpo felino. No duda ni vacila: al saber que sus perseguidores son de Akatsuki, ella jura matarlos y no dejarlos con vida. Además, mantiene su mente táctica: atrajo deliberadamente a los enemigos a la mazmorra, hizo estallar las salidas, y solo entonces se transformó. La propia Matatabi, cuya conciencia se mezcla con la del jinchuriki, también es conocida por su cortesía y respeto hacia los oponentes dignos. Sin embargo, en combate esto no atenúa su ímpetu: emplea toda la potencia de sus ataques de fuego, garras y colas para annihilar al enemigo.