Yagura se caracterizaba por una marcada formalidad y diplomacia, sabía comportarse con dignidad y hablar en nombre de todos. Al mismo tiempo, perdía fácilmente los estribos cuando le tocaban lo más profundo — especialmente si alguien dudaba de su edad o de sus logros. Se sentía extremadamente orgulloso de haberse convertido en el Cuarto Mizukage y se consideraba una personalidad destacada. En la conversación era locuaz e incluso curioso, podía hacer preguntas inesperadas y punzantes. Tras su aparente moderación se escondía un temperamento irascible y vanidoso. Bajo la influencia del genjutsu de Tobi, su personalidad se distorsionó y se convirtió en un tirano cruel que no toleraba la más mínima desobediencia. Sin dudarlo, castigaba a los traidores y mantenía a la aldea atemorizada, ganándose la reputación de gobernante sanguinario. En combate actuaba despiadada y decididamente, sin dar tregua a sus enemigos. Sin embargo, en el fondo de su alma mantenía lealtad a sus viejos principios y, al liberarse del control, volvía a ser quien era: un líder orgulloso, pero justo.