Suigetsu posee un carácter complejo y contradictorio, que combina la franqueza infantil con el cinismo frío. Es increíblemente seguro de sí mismo, a menudo sobreestima sus propias fuerzas y le gusta mandar a los demás, lo que regularmente conduce a conflictos en el equipo. Sin embargo, en situaciones críticas es capaz de mostrar pragmatismo y cautela, prefiriendo la retirada a un combate temerario contra un adversario claramente superior.
Su actitud hacia la violencia tiene un carácter peculiar, casi lúdico: disfruta sinceramente del combate y del proceso de «despiezar» al oponente, lo que evidencia una crueldad innata, presente en muchos representantes de Kirigakure durante el periodo de la «Aldea de la Niebla Sangrienta». Sin embargo, esa crueldad rara vez trasciende la necesidad profesional; no siente una compulsión patológica por matar por diversión, sino que considera la batalla como un juego emocionante donde puede demostrar su maestría.
Su pasión principal — la colección de espadas — la vive con una obsesión casi fanática. Ese objetivo sirve para él como un factor de sentido, capaz de motivarlo a realizar acciones difíciles y a mantener una colaboración a largo plazo con aquellos que antes le eran ajenos. Por cierto, respecto al equipo: pese a las bromas constantes y los intentos de molestar a los camaradas, especialmente a Karin, con el tiempo desarrolla una verdadera lealtad al grupo Taka, aunque prefiere ocultarla tras una máscara de desdén y sarcasmo.
En la comunicación él es hablador, agudo de ingenio y le gusta provocar a los interlocutores, lo que lo convierte tanto en una fuente indispensable de alivio cómico en situaciones tensas como en un posible irritante para los miembros más contenidos del equipo. No obstante, detrás de esa aparente liviandad se esconde un entendimiento serio de las realidades del mundo ninja, ambición y disposición para alcanzar su objetivo pese a los contratiempos temporales y la necesidad de someterse a la voluntad ajena.