En esos años, Kisame ya es conocido como un guerrero despiadado y leal a la aldea. Cumple órdenes de sus superiores sin cuestionar, incluso si exigen matar a sus propios compañeros. Para él, el deber y guardar secretos están por encima de los sentimientos personales. No obstante, no siente placer al matar; más bien, lo percibe como parte inevitable de servir en Kirigakure, donde la traición y la crueldad se han convertido en la norma.
Rara vez muestra emociones, se comporta de manera reservada y algo distante. Ya entonces se percibe en él un cinismo causado por el trabajo sucio que debe realizar. Sin embargo, no carece de sentido de la propia dignidad: al convertirse en uno de los Siete Espadachines de la Niebla, se enorgullece de su posición y habilidad. Trata a sus subordinados de manera profesional, sin crueldad excesiva, pero tampoco con sentimentalismo. Su lealtad a la aldea parece absoluta, pero internamente ya comienza a darse cuenta de que vive en un mundo lleno de mentiras.
Mantiene relaciones laborales con los demás espadachines, especialmente con Suigetsu y Mangetsu Hōzuki, aunque no tiene amigos realmente cercanos. En combate es frío, calculador y utiliza su fuerza física abrumadora combinada con técnicas de agua, sin dejar al oponente ninguna oportunidad.