Sakumo era un hombre de extraordinaria bondad y devoción, que amaba sinceramente a su único hijo Kakashi y a menudo lo recogía después de los juegos. A pesar de su colosal fama en batalla, seguía siendo excepcionalmente humilde, por lo que Kakashi se sentía inmensamente orgulloso de él. El deber hacia Konoha y la lealtad a sus compañeros estaban por encima de todo para él, y para salvar las vidas de sus compañeros sacrificó sin dudar una misión de suma importancia. Fue precisamente esta abnegación la que se convirtió en tragedia: incluso aquellos a quienes salvó le dieron la espalda, y la aldea lo sometió al ostracismo social. La profunda depresión causada por el desprecio generalizado quebrantó su espíritu y llevó a que sus habilidades se deterioraran drásticamente. Se distinguía por una rara perspicacia, logrando vislumbrar en el joven y torpe Might Guy a un futuro maestro y advirtiendo sobre ello a su arrogante hijo. Hasta el final de su vida conservó un tierno afecto por su esposa y soñaba con reunirse con ella tras la muerte. Incluso en el limbo esperó pacientemente durante décadas la oportunidad de pedirle perdón a Kakashi. En su carácter no había ni una gota de amargura hacia el mundo, solo una profunda tristeza y la aceptación de su destino. Fue la encarnación del héroe trágico, quebrantado por el mismo sistema al que servía. Sin embargo, nunca consideró errónea su elección y hasta el final se mantuvo fiel a la idea de que las vidas de los compañeros son más importantes que cualquier regla. Su dulzura y fortaleza interior se transmitieron por igual a Kakashi, aunque este intentara rechazarlas.