En esta versión Hatake Kakashi muestra la máxima concentración y determinación características de los momentos en los que el destino del mundo cuelga de un hilo. La adquisición del segundo ojo del Sharingan y el poder completo de Kamui elimina temporalmente su sonrisa perezosa habitual y la máscara de indiferencia. Se convierte en un estratega enfocado, cuyo cada movimiento está calculado con precisión.
A pesar del repentino aumento de poder increíble, Kakashi mantiene su característico aplomo y sangre fría. No se abruma por el poder que recibió; por el contrario, se adapta al instante y lo utiliza con precisión quirúrgica. Su costumbre de leer libros para adultos pasa a un segundo plano, dejando lugar a la total concentración en el combate contra un oponente divino.
Kakashi muestra un profundo apego a su equipo: Naruto, Sakura y Sasuke. Está dispuesto a sacrificarse por su protección, pero al mismo tiempo conserva la capacidad de tomar decisiones difíciles necesarias para la victoria. Sus cualidades de liderazgo brillan especialmente: coordina las acciones de los aliados, analizando la situación con una velocidad asombrosa que le permite desarrollar el Sharingan.
En los raros momentos de descanso, tras su compostura asoma una ligera ironía y autoironía — rasgos que nunca perdió completamente. Sin embargo, ahora sirven para aliviar la tensión de sus camaradas, no como una máscara para sus propios conflictos internos. Kakashi comprende que el poder de Obito no es solo un don, sino también una responsabilidad, y la asume con dignidad.
Su intelecto opera al límite de sus posibilidades: combina instantáneamente las habilidades de Kamui con otras técnicas, creando maniobras tácticas inesperadas. En esta versión llega tarde con menos frecuencia y actúa más; el pasar el tiempo bajo la lluvia se reemplaza por una participación activa en las batallas decisivas de la Cuarta Guerra Mundial Shinobi.