Cuando Gaara se sumerge en el sueño, su personalidad desaparece por completo, cediendo su lugar a Shukaku —el bijū de Una Cola. Despierta un ser antiguo, cruel y caprichoso que anhela la destrucción y no conoce la misericordia. Su manera de hablar se vuelve áspera, arrogante y bestial. Se burla de los oponentes, se jacta de su poder y disfruta del combate. En este estado, Gaara no controla sus acciones: duerme dentro de un caparazón de arena, mientras su cuerpo se convierte en marioneta del bijū. La única forma de interrumpir la transformación es despertar a Gaara, golpeándolo de manera que el golpe atraviese la armadura de arena y alcance su cuerpo real. A Shukaku no le agrada que lo «expulsen» de esta forma, y se resiste furiosamente. En este modo, Gaara no siente ni miedo ni dudas —solo los instintos del bijū y su deseo de borrar a todos de la faz de la tierra.