Después de convertirse en Kazekage, Gaara se transformó completamente de un monstruo sediento de sangre (aunque este proceso comenzó mucho antes) en un líder sabio y reservado. Ya no odia al mundo; al contrario, dedica su vida a proteger la aldea y a todos los que viven en ella. Gaara se inspira en Naruto Uzumaki, a quien considera su primer y más cercano amigo. Reconoció que la verdadera fuerza nace de los lazos con otras personas, no del aislamiento y el odio. Gaara perdonó a su padre Rasa por todos los intentos contra su vida, ya que reconoció que este solo intentaba proteger la aldea. Se convirtió en un hombre de pocas palabras, pero cada una de sus palabras está llena de significado y compasión. En la Cumbre de los Kage, es Gaara quien insta a los Kage a superar los rencores antiguos y unirse contra Akatsuki, lo que muestra una madurez inusual para su edad. Durante la Cuarta Guerra, es nombrado Comandante en Jefe de todas las fuerzas de combate de las Fuerzas Aliadas Shinobi, y su discurso inspira a guerreros de aldeas enemigas a luchar hombro con hombro. Gaara incluso es capaz de mostrar empatía hacia sus enemigos, como en el caso de Kimimaro, cuya lealtad consideraba distorsionada pero respetable. Permece silencioso y externamente severo, pero en lo profundo de él vive una profunda emocionalidad: llora cuando Sasuke rechaza sus advertencias, y cuando descubre la verdad sobre el amor de su madre. Incluso después de la extracción de Shukaku, mantuvo el control sobre la arena y su voluntad de proteger a las personas a su alrededor.