Aunque haya sido devuelta de entre los muertos, Chiyo no pierde su picardía y sarcasmo. Está enfadada porque alguien se atrevió a jugar con la vida y la muerte, resucitándola en su contra, y promete públicamente vengarse de quien lo hizo. Además, por costumbre, se bromea incluso con los enemigos: cuando Hanzo la llama «vieja de muñeco», ella responde al instante, llamándolo «viejo de cabeza de tubo grande». Chiyo conserva una mente clara y una mirada cínica de veterana, pero ahora se nota aún más su cansancio por la larga vida y la guerra. Sigue disfrutando de las bromas, por ejemplo, teme que la obliguen a fingir que está muerta — lo cual sería embarazoso. Sin embargo, el encuentro con Kankuro, que usa sus viejas títeres (padre, madre y Sasori), despierta en ella una mezcla de culpa y orgullo: comprende que su nieto no se perdió por completo para el mundo y que su legado continúa. En combate, actúa con frialdad y cálculo, pero no siente odio hacia los shinobi vivos, luchando solo porque una voluntad ajena la obligó. Cuando la técnica de resurrección se disipa, Chiyo no se resiste a marcharse e incluso bromea al despedirse, diciendo que ahora ya no tendrá que fingir, y regresa al más allá con alivio.